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martes, 5 de febrero de 2008

La Galletitas

Una chica estaba aguardando su vuelo en una sala de espera de un aeropuerto.Como debía esperar un largo rato, decidió comprar un libro y también un paquete con galletitas.
Se sentó en una sala del aeropuerto para poder descansar y leer en paz.En un asiento de por medio, se ubicó un hombre que abrió una revista y empezó a leer.Entre ellos quedaron las galletitas.

Cuando ella tomó la primera,el hombre también tomó una. Ella se sintió indignada, pero no dijo nada. Apenas pensó:"

¡Qué descarado; si yo estuviera más dispuesta, hasta le daría un golpe para que nunca más se le olvide!".Cada vez que ella tomaba una galletita, el hombre también tomaba una.

Aquello la indignaba tanto que no conseguía concentrarse ni reaccionar.Cuando quedaba apenas una galletita, pensó:
"qué hará ahora este abusador?".

Entonces, el hombre dividió la última galletita y dejó una mitad para ella.
Ah! No!. . . Aquello le pareció demasiado! !. ¡Se puso a bufar de la rabia!.. Cerró su libro y sus cosas y se dirigió al sector del embarque.

Cuando se sentó en el interior del avión, miró dentro del bolso y para su sorpresa, allí estaba su paquete de galletitas, intacto,cerradito.Sintió tanta vergüenza!.. Sólo entonces percibió lo equivocada que estaba.

¡Había olvidado que sus galletitas estaban guardadas dentro de su bolso!

El hombre había compartido las suyas sin sentirse indignado, nervioso, consternado o alterado. Y ya no había más tiempo ni posibilidades para explicar o pedir disculpas.
Pero sí para razonar:

¿cuántas veces en nuestra vida sacamos conclusiones cuando debiéramos observar mejor?¿cuántas cosas no son exactamente como pensamos acerca de las personas? Y recordó que existen cuatro cosas en la vida que no se recuperan:

1.- Una piedra, después de haber sido lanzada;

2.- Una palabra, después de haber sido proferida;

3.- Una oportunidad, después de haberla perdido;

4.- El tiempo, después de haber pasado.

martes, 4 de diciembre de 2007

Un defecto en la Mujer

Para cuando Dios hizo a la mujer, ya estaba en el sexto día de trabajo de horas extras.

Un ángel apareció y le dijo:
¿Por qué pones tanto empeño en esta?

Y el Señor le contestó:
¿Has visto mi hoja de especificaciones para ella?.
Debe ser, completamente lavable, pero no debe ser de plástico, tener más de 200 piezas movibles, todas cambiables y ser capaz de funcionar con una dieta de cualquier cosa y sobras, tener un regazo que pueda acomodar a cuatro niños al mismo tiempo, tener un beso que pueda curar desde una rodilla raspada hasta un corazón roto y lo hará todo con solamente dos manos.

El ángel se maravilló de los requisitos. Solamente dos manos... imposible!
¿ Y este es solo el modelo estándar? Es demasiado trabajo para un día... espera hasta mañana para terminarla.

No lo haré, protestó el Señor. Estoy tan cerca de terminar esta creación que es la favorita de mi propio corazón.
Ella ya se cura sola cuándo está enferma, y puede trabajar días de 18h.

El ángel se acercó más y tocó a la mujer.
Pero la has hecho tan suave, señor.

Es suave, dijo Dios, pero la he hecho también fuerte. No tienes idea de lo que puede aguantar o lograr.

¿Será capaz de pensar? Preguntó el ángel.

Dios contestó:
No solamente será capaz de pensar, sino de razonar y negociar.

El ángel entonces notó algo, y alargando la mano tocó la mejilla de la mujer. Señor, parece que este modelo tiene una fuga...
Te dije que estabas tratando de poner demasiadas cosas en ella.

Eso no es ninguna fuga, es una lágrima. Lo corrigió el Señor.

¿Para qué es la lágrima? Preguntó el ángel.

Y Dios dijo:
Las lágrimas son su manera de expresar su dicha, su pena, su desengaño, su amor, su soledad, su sufrimiento y su orgullo.

Esto impresionó mucho al ángel.
Eres un genio Señor, pensaste en todo. La mujer es verdaderamente maravillosa.

Si, lo es.
La mujer tiene fuerzas que maravillan a los hombres. Aguantan dificultades, llevan grandes cargas, pero tienen felicidad, amor y dicha. Sonríen cuándo quieren gritar. Cantan cuándo quieren llorar. Lloran cuándo están felices y ríen cuándo están nerviosas.
Luchan por lo que creen,. Se enfrentan a la injusticia.
No aceptan un “NO” por respuesta cuándo creen que hay una solución mejor.
Se privan para que su familia pueda tener.
Van al médico con una amiga que tiene miedo de ir.
Aman incondicionalmente.
Lloran cuando sus hijos triunfan y se alegran cuándo sus amistades consiguen premios.
Son felices cuándo escuchan de un nacimiento o una boda.
Su corazón se rompe cuándo muere una amiga.
Sufren con la perdida de un ser querido, sin embargo son fuertes cuándo piensan que ya no hay más fuerza.
Saben que un beso y un abrazo pueden ayudar a curar un corazón roto.
Sin embargo, hay un defecto en la mujer:

Y es que olvida cuánto vale.


lunes, 12 de noviembre de 2007

Naret, cuéntame un cuento


Era se una vez, un campo de flores que estaba marchito. La Margarita estaba triste, porque quería ser igual que la Amapola. La Amapola estaba triste, porque quería oler como el Jazmín. El Jazmín estaba triste, porque quería la elegancia de la Rosa, y así todas las flores estaban tristes, porque querían lo que tenían las demás. Pero en medio del campo, relucía el Cardo borriquero, y la gente decía:
¿Como puede ser que el Cardo que es el más feo, ser el más reluciente y hermoso a la vez? Le preguntaron al Cardo y él dijo:
¿Por qué me voy a pasar la vida amargado y marchito, y queriendo lo que tienen los demás, si me ha tocado vivir así como soy?
Moraleja
Las personas relucimos por lo que somos por dentro, da igual que seas una hermosa Rosa ó un feo Cardo. Al final las personas captan la belleza interior, esa belleza no se marchita.
Gracias Naret

jueves, 1 de noviembre de 2007

El anillo

Un alumno llegó a su profesor con un problema:

Estoy aquí, profesor, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada.
Dicen que no sirvo para nada, que no hago nada bien, que soy tonto y muy idiota
¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El profesor sin mirarlo le dijo:
Lo siento mucho, joven, pero ahora no puedo ayudarte. Primero debo resolver mi propio problema, tal vez después...
Y haciendo una pausa dijo:
Si tú me ayudas y puedo resolver mi problema rápidamente, quizás pueda ayudarte a resolver el tuyo.

Claro profesor, murmuró el joven. Pero se sintió otra vez desvalorizado.

El profesor se sacó un anillo del dedo pequeño, se lo dio y le dijo:
Coge el caballo y vete al mercado. Debes vender este anillo porque tengo una deuda que pagar. Es preciso que obtengas por él el máximo posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y vuelve con la moneda lo mas rápido posible.

El joven cogió el anillo y partió.
Cuando llegó al mercado empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Ellos miraban con algún interés, atendiendo al joven cuando decía cuánto pretendía por el anillo. Cuándo decía una moneda de oro, algunos se reían, otros se apartaban sin mirarlo. Solamente un viejecito fue amable de explicarle que una moneda de oro era mucho valor para comprar un anillo. Intentando ayudar al joven, llegaron a ofrecerle una moneda de plata y una jícara de cobre, pero el joven seguía las instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazaba las ofertas.

Después de ofrecer la joya a todos los que pasaban por el mercado, y abatido por el fracaso, montó en el caballo y regresó.

El joven deseaba tener una moneda de oro para comprar él mismo el anillo, librando de la preocupación a su profesor y así recibir su ayuda y consejos.

Entró en la casa y dijo:
Profesor, lo siento mucho, pero es imposible conseguir lo que me pidió. Tal vez pudiese conseguir 2 ó 3 monedas de plata, pero no creo que se pueda engañar a nadie sobre el valor del anillo.

Importante lo que me dices, joven, le contestó sonriente.
Primero debemos saber el valor del anillo. Vuelve a coger el caballo y vas a ver al joyero.¿quién mejor que él, para saber su valor exacto?
No importa cuánto te ofrezca, no lo vendas, vuelve aquí con el anillo.

El joven fue a ver al joyero y le dio el anillo para que lo examinara.
El joyero lo examinó con una lupa, lo pesó y le dijo:
Dile a tu profesor que, si lo quiere vender ahora no puedo pagarle más de 58 monedas de oro.

58 monedas de oro!! Exclamó el joven.

Si, contestó el joyero, y creo que con el tiempo podría ofrecer cerca de 70 monedas, pero si la venta es urgente...

El joven corrió emocionado a casa del profesor para contarle lo ocurrido.

Siéntate, dijo el profesor, y después de escuchar todo lo que el joven le contó, le dijo:
Tú eres como ese anillo, una joya valiosa y única. Solamente puede ser valorada por un especialista.
¿ Pensabas que cualquiera podía descubrir su verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a colocarse el anillo en el dedo.

Todos somos como esta joya, valiosos y únicos, andamos por todos los mercados de la vida pretendiendo que personas inexpertas nos valoren.


Denis Bento