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viernes, 29 de abril de 2011

Sharon Cohen

He encontrado este vídeo en Youtube y me hizo mucha gracia, aquí os lo dejo para que os provoque al menos una sonrisa.


jueves, 28 de febrero de 2008

Acoso a la danza del vientre


He encontrado este antiguo recorte de periódico, aunque es un articulo del año 2002 las cosas no han cambiado mucho en Egipto desgraciadamente para la gente que siente gran amor, pasión, admiración etc. por la danza oriental. Pero así es Egipto, un país en el que se admira la danza y a la vez se desprecia a las bailarinas, son consideradas prostitutas. Por eso hay muchas chicas que son prostitutas en Egipto y su forma de ejercer la prostitución es bailando. Copio y pego el articulo.

Movilización integrista contra el proyecto de asociación de bailarinas egipcias

Su milenaria especialidad artística tiene componentes eróticos y místicos y tanto el erotismo como la mística son criaturas del diablo para el integrismo musulmán que ha terminado por impregnar la vida en el valle del Nilo. Así que cuando Fifi Abdu ha propuesto crear la primera asociación profesional de bailarinas del vientre de Egipto la respuesta mayoritaria ha sido escandalizada. 'Eso sería como legalizar la prostitución', han gritado desde el fondo de las tripas los asilvestrados predicadores islamistas de los barrios populares de El Cairo.

Fifi Abdu es una leyenda viviente en Egipto y el mundo árabe. Está considerada la mejor bailarina del vientre del valle del Nilo, por encima de sus excelentes compatriotas Dina y Lucy, y actúa en los hoteles de cinco estrellas de las cadenas occidentales de El Cairo, cobra unos 5.000 euros por cada espectáculo de tres cuartos de hora y gana medio millón de euros al año. Los merece, porque cuando se entrega al arte de Salomé, esa danza de los siete velos con que el personaje bíblico subyugó al tirano Herodes y consiguió en bandeja de plata la cabeza de san Juan Bautista, Fifi Abdu logra hasta arrancar lágrimas de los espectadores. En las últimas décadas, sólo Tahia Carioca, Samia Gamal, Nagua Fuad y Suhair Kaki alcanzaron tal maestría.

Pero Fifi Abdu tiene que circular por la capital egipcia protegida por guardaespaldas. Los islamistas, que en esta ciudad apuñalaron al premio Nobel Naguib Mahfuz, se la tienen jurada. Y ni su persona ni su arte entusiasman tampoco a los ulemas conservadores de Al Azhar, el centro del islam oficial egipcio. Dentro de pocas semanas, cuando comience el Ramadán, los ulemas volverán a discutir sobre si es halal (permitido) o haram (prohibido) el que los pobres de El Cairo se sacien en el comedor gratuito callejero que Fifi Abdu ofrece todas las noches, en la hora de ruptura del ayuno. En cuanto al Gobierno de Mubarak, ya ha tenido numerosos pleitos con la bailarina, que, en los últimos años, fue procesada una vez por abofetear a un cantante que la parodiaba, otra por hacerle lo mismo a un policía que le puso una multa por exceso de velocidad y otra por actuar 'casi desnuda' en un hotel.

El arte de Salomé, que sus profesionales prefieren llamar raqs el sharqui -danza oriental, en árabe-, nació en tiempos inmemoriales en las riberas de los ríos de India y se extendió hasta los templos babilonios, fenicios y faraónicos de la antigüedad. Era la danza sagrada de las mujeres, el símbolo de la fecundidad y la maternidad, un homenaje a la diosa madre que, con los nombres de Istar, Astarté o Cibeles, adoraban los pueblos orientales. Era, y es, un arte que pone de relieve las capacidades plásticas de la feminidad, que reconcilia a la mujer con todo su cuerpo, empezando por la pelvis y continuando por el vientre, los senos y los tobillos.

Ahora, cuando millares de chicas y mujeres practican la danza del vientre en Occidente, el integrismo le aprieta las tuercas en su propia cuna. Sus especialistas son consideradas prostitutas por exhibirse ligeras de ropa y moviendo su cuerpo cual serpientes. El acoso es muy intenso, aunque no nuevo. Ya en otros momentos históricos dirigentes ebrios de puritanismo quisieron enterrarla para siempre. Hacia 1835 el pachá Mohamed Alí la prohibió en El Cairo; en 1955, el rais Nasser ordenó que sus profesionales se cubrieran el ombligo, y en 1986 los soldados egipcios amotinados quemaron los cabarés de la avenida de las Pirámides donde se practicaba.

Hoy la danza del vientre está prohibida en la televisión pública egipcia y la policía efectúa razias frecuentes en los locales turísticos de El Cairo para comprobar que las bailarinas se cubren el ombligo, aunque sea con material transparente, y que sus faldas llegan hasta debajo de las rodillas. Así que cada vez hay menos locales que ofrezcan este espectáculo y sus profesionales son cada vez menos egipcias y cada vez más chicas procedentes del Lejano Oriente, América Latina y la ex Unión Soviética. Con todo eso, Fifi Abdu calcula que todavía hay 5.000 egipcias consagradas al arte de Salomé y quiere reunirlas en un organismo profesional.
Publicado en "El país" el 17/10/2002Javier Valenzuela, Madrid

martes, 27 de noviembre de 2007

Viaje a Egipto






Ya estoy de regreso de mi viaje a Egipto. Uno siempre tiene sus dudas cuando viaja a un país tan distinto al suyo, pero ha sido toda una experiencia. Si tenéis la oportunidad de viajar a Egipto no lo dudéis es un país bastante seguro. La fotografía es lo más típico que podemos encontrar en cualquier libro que hable de Egipto, se trata de las tres pirámides de Giza y la Esfinge. Aún no tengo todas las fotos, me faltan las del Nilo, desde ahí se podía ver unos paisajes preciosos. El Valle de los Reyes es algo que me ha impactado, os dejo una fotografía de una de las tumbas, es increíble lo bien conservadas que están algunas, y otra del exterior del valle.

martes, 18 de septiembre de 2007

Katie


Esta bailarina es Katie, ella tampoco consiguio mucha fama. Pero nos dejo este recuerdo.

martes, 14 de agosto de 2007

Todo un hogar en pleno cementerio



Un millón de personas se acomodan en los camposantos ante la escasez de vivienda en Egipto
"No hay motivo para tener miedo de los muertos", sonríe Fathiya. Ella, su marido y sus seis hijos viven en el panteón de la familia Zaruq, un notable de la época otomana cuyos descendientes siguen siendo enterrados bajo las losas sobre las que tiende la colada y corretean los pequeños. El mausoleo, cuyo pórtico testimonia un pasado mejor, se halla en la calle Al Hasan al Malakia de Qarafa, el conjunto de cementerios de El Cairo conocido como Ciudad de los Muertos. La escasez de pisos asequibles confina a 15 millones de egipcios a vivir en infraviviendas, algunas tan insólitas como barcas de pesca en el Nilo, chamizos levantados sobre las azoteas o panteones en los cementerios.
Pero el lugar en el que vive Fathiya se parece poco a un camposanto occidental. Las construcciones funerarias dan fe de la tradición egipcia de sepultar a los muertos en habitaciones que permitieran a sus familiares pasar con ellos el duelo de cuarenta días. "Llevamos 27 años viviendo aquí", cuenta mientras franquea el paso hacia el soleado patio bajo el que se hallan las tumbas. Tras el zaguán se perciben dos pequeñas habitaciones y una cocina. No tiene agua corriente ni electricidad, pero no se queja. Sin duda le hubiera gustado tener una casa más convencional."Imposible al precio que están los alquileres", se resigna. Además, está acostumbrada al cementerio. Ha vivido aquí toda su vida ya que su padre, Ali Mustafa, trabaja de enterrador desde que hace 60 años emigrara a la capital huyendo de la miseria de Sohag, en el Alto Egipto.
A sus 81 años, Ali Mustafa no sólo sigue activo sino que es la memoria histórica del lugar. Conoce a cada una de las grandes familias que tienen a sus muertos enterrados en este sector de la necrópolis. Así que cuando supo que Fathiya se iba a casar, no le costó mucho convencer a los Zaruq para que les confiaran a ella y su marido el cuidado del mausoleo a cambio de poder vivir en él. Otros pagan unas libras a los guardianes del cementerio para que les dejen alojarse en su recinto. No es anecdótico. El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU ha mostrado su preocupación por el fenómeno: entre medio millón y un millón de egipcios residen entre los muertos, según estadísticas extraoficiales. La prensa local eleva esa cifra a dos millones.
Unos 50.000 viven en tumbas propiamente dichas. El resto se apretuja en infraviviendas construidas sobre antiguos sepulcros. Algunos han tirado cables del poste eléctrico más cercano o desviado conducciones de agua. Incluso han surgido pequeños talleres y tiendas que cubren las necesidades de sus habitantes. Los taxis aparcados frente a algunas de estas casas apuntan al progreso socioeconómico de sus ocupantes. La necrópolis se ha convertido en metrópolis.
Y el Estado ha reconocido sus necesidades: En la calle Al Hasan al Malakia hay una mezquita y una escuela primaria. Pero sólo a medias. En algunas esquinas el olor recuerda no hay servicio de alcantarillado ni de recogida de basuras porque la ocupación de Qarafa sigue siendo ilegal.
Aún así, muchos de sus habitantes no están dispuestos a marcharse a cualquier lado. Cuando en febrero de 2001 el gobernador de El Cairo lanzó la idea de trasladar 110.000 tumbas del cementerio de Bab el Náser, uno de los cinco que conforman la necrópolis, encontró una gran oposición. "Los apartamentos que ofrece el Ministerio de la Vivienda en la Ciudad Quince de Mayo no tienen ni agua ni electricidad, y hay que pagar 1.500 libras (unos 260 euros)", se quejaba entonces Omar, un padre de familia con cuatro hijos y sin trabajo regular. "Incluso si encontrara un empleo fijo no ganaría más de 150 libras al mes; aquí le doy 18 al guardián y estamos seguros. Vivir con los muertos es la única solución", concluía.

El País